La Asociación Mexicana de Ilustradores lamenta el reciente fallecimiento del maestro Eduardo del Río (Rius)

Hace una semana el mundo de la gráfica y el del periodismo se cimbró con el anuncio del fallecimiento del caricaturista, historietista y escritor mexicano Eduardo Del Río “Rius”. (1934-2017)

Originario de Michoacán, México; dedicó su vida a la crítica política y social del país mediante el humor y la gráfica, con una extensa obra publicada.

Hoy queremos rendir un homenaje al maestro de tantos de nosotros, quienes crecimos leyendo sus cartones y aprendiendo sus enseñanzas. Siempre agradeceremos el legado que nos ha dejado.

Les compartimos algunas palabras de nuestros asociados y sus homenajes.

#GraciasRius #HomenajeRius

“Al maestro Rius lo conocí primero por su libros en casa de mi tía Martha, cuando a los 8 años leía esos monitos raros llamados: Los Agachados; y sus libros sobre la revolución cubana y el Ché. Después, en la adolescencia con aquellas historias sobre Dios, los ateos y el “No consulte a su médico”. Recuerdo que ya en la universidad seguí encontrando sus libros como aquel de “La vida de cuadritos”, cuando tenía intención de ser dibujante de historietas. Lo que sí puedo asegurar es que su humor crítico y mordaz me influenció ya en la época en que me inicié en el humor y critica de la política, cuando lo vi en varias presentaciones de El Chahuistle y El Chamuco, o en aquella visita al programa de radio cuando me firmó varios libros y me tomé la única fotografía que tengo con él.

Hace unos días platicaba con Monero Hernández sobre su deteriorada salud, pues me decía que lo había visitado recientemente y que podía ver bien todavía y se la pasaba leyendo y viendo películas. Aunque ya no tenía muchas fuerzas, pues la debilidad causada por su enfermedad le era agobiante. Le comentaba que el año pasado traté en vano de hacerle llegar mi libro de “México al chile” y el de “Cinética Ni Política”, así como firmarme su libro de memorias “Mis confusiones” motivo por el cual quedamos de que se lo enviaría en una próxima visita, cosa que ya no sucederá.

Recuerdo que al pasar a visitarlo a su casa; en su buzón acababa de llegarle la revista Zócalo con la portada en la que dibujó “al maestro con cariño” como una especie de Quijote haciendo clara referencia a esa lucha que hizo a través de la ilustración y la historieta para hacer llegar la conciencia política a través del humor, y que finalmente ningún gigante imaginario pudo vencerlo, hasta hoy. Su vida en este mundo terminó, pero su legado es inconmensurable; tanto que su extensa bibliografía será difícil de leer en esta vida. Pero en muchas vidas a las que nos tocó con su genio e hilaridad seguramente hará que muchos sigamos en la misma brecha de luchar contra esos gigantes que algún día caerán como Goliaths frente a David, o bueno, frente a Juan Calzóntzin. Después de esa visita pasé por la recién inaugurada galería de Caricaturistas en México en el Metro Zapata, y pude constatar que Rius será recordado como el padre, no de la Patria, sino de la historieta política contemporánea y del humor irreverente que nos ha influenciado a muchos que, espero, sigamos honrando su memoria a través del humor; que es el único refugio que nos queda en este país de “Supermachos” llamado Chayotitlán de las Flores.
Buen viaje Maestro Rius.
Lo vamos a extrañar un chingo.”

Fabian Giles

Homenaje a Rius, historietista didactico

“Conocí a #RIUS en la preparatoria, en especial en tiempos de huelga universitaria, y más adelante no podía faltar en la bibliografía de mi tesis de Licenciatura.”

Theresa Sandino

 

Homenaje a Rius

Abraham Balcázar

 

Homenaje a dos manos para el maestro Eduardo Del Rio-RIUS #GraciasRius
Descanse en paz.


Renato Rodríguez /Le Yad

La AMDI en lata Pantitlán

Por Víctor Hugo Rojas.

El pasado 29 de abril con motivo de las celebraciones por el Día del Niño, varios miembros de la Asociación Mexicana de Ilustradores presentamos con mucho entusiasmo y satisfacción los murales que realizamos en las paredes del Laboratorio de Arte y Trabajo Alternativo Pantitlán. Un lugar gestionado principalmente por la comunidad cercana al centro en dónde se realizan actividades cultuales y deportivas, principal aunque no exclusivamente, dirigidas a los niños. Desde ballet, Tae-Kwon Do, danza aérea, y cuentan con una ludoteca infantil y un pequeño teatro dentro de sus instalaciones.

La propuesta que se nos pidió fue la de pintar con la temática de la difusión y promoción de la lectura dirigida a los niños que acuden al centro. Nuestra intención fue ir un poco más allá y echar mano de los recursos que nos ofrece el mundo de la Ilustración para complementar los proyectos. Nuestra intención fue clara desde el principio; generar obras que a partir de la sugerencia de microhistorias y ambientes, detonaran la imaginación de sus espectadores para expandir esas historias hacia el espacio en blanco que quedaba entre los murales. Todo esto tendría que estar resuelto para el evento que tendría L.A.T.A. Pantitlán para el día 29 pues también festejaban su primer aniversario.

Fue todo un reto para algunos a los que por primera vez nos enfrentamos ante un formato de grandes dimensiones. Afortunadamente, el trabajo colaborativo y la conversación entre los miembros de la Asociación Mexicana de Ilustradores que acudimos al llamado, nos permitió desarrollar de manera más eficiente nuestro proyecto.

Personalmente agradezco la oportunidad y la confianza que ha mostrado para varias personas el trabajo arduo y constante de mi desarrollo profesional.

Una anécdota que les quiero compartir a los lectores de este Blog, es que mientras algunos pintábamos por las tardes, los niños que asisten al centro se nos acercaban curiosos al vernos pintar. Sin inhibiciones nos preguntaban si los personajes que habíamos pintado tenían nombre, o directamente nos sugerían alguno; preguntaban si daríamos talleres, o cuál era la pintura que usábamos para pintar en la pared. Podía notar en sus caras la felicidad y entusiasmo de que ahora el lugar que frecuentan ya pueden hacerlo más suyo, más personal e íntimo. Ha dejado de tener sus paredes blancas y serias para convertirse en un lugar cultural y de desarrollo social al cual pueden encontrar ese sentido de pertenencia. Así, poco a poco, pincelada tras pincelada el lugar fue dotándose de identidad.

A la par del arduo trabajo que realizamos por más de semana y media, era evidente la labor de un análisis autoreflexivo sobre lo que significa ser niño, y recordar las sensaciones que tuvimos en este periodo de nuestras vidas. Era claro que habría menos preocupaciones; y escapes más constantes hacia los mundos creados por nuestra imaginación. Entre robots futuristas, seres espaciales, bosques fantásticos o mares inmensos por explorar y todas las criaturas divertidas que ahí pudieran habitar; la imaginación infantil puede ser hermosamente desbordante y permear nuestra visión del mundo cotidiano con color, risa e ingenio.

Considero que los ilustradores nos encontramos en un lugar muy afortunado, y es de la opinión pública entender esta profesión como una actividad muy ligada a las artes y a lo lúdico. A pesar de ello, lo cierto es que siempre somos conscientes de echar mano de estas herramientas que adquirimos desde la infancia para generar proyectos de alta calidad gráfica y eficacia comunicativa. Es como un vaivén de estados de conciencia, en los que sí nos divertimos mucho durante el proceso creativo, pero mantenemos una responsabilidad madura de ser buenos con lo que hacemos.

“Observo el muro en blanco y de inmediato me transporta, imagino personajes, formas, colores, todo se mezcla tratando de tomar forma en una idea, así de puro y claro me pasaba de niña, inventaba una historia imaginando en mi mente los colores exactos, los personajes y la trama, la mayoría de las cosas eran muy claras, sin embargo al expresar la idea a algún adulto o contar la historia no siempre resultaba, me miraban extrañamente sorprendidos. Imaginar desde niños nos permite crear historias maravillosas en mundos fantásticos, al crecer, algunos pierden esa capacidad casi sin darse cuenta, los ilustradores intentamos conservar o rebuscar la capacidad creadora que de niños nos era tan fácil tener, a veces un espacio en blanco nos impone y nos bloquea al punto en que debemos relajarnos y soltar de manera más natural esa franca y sublime imaginación creadora que siempre nace con los seres humanos. Me da mucha alegría pensar que los niños disfrutarán imaginando historias con unos cuantos trazos y color plasmados en personajes sobre el muro de LATA Pantitlán, una gran experiencia.

“Silvia García

Mural “La historia de hoy”

“Este mural está pensado para estimular y fomentar la creatividad y la imaginación a partir de la lectura. Los niños y niñas pueden experimentar la libertad que tal vez su medio no les da, por eso el niño tiene páginas de un libro que son como sus alas, y la niña esta aferrada a la luna con actitud segura. Hay elementos fantásticos como los árboles, el pájaro azul, los alienígenas que se quieren robar el cofre que lleva el niño, y los animalitos arriba de los arboles observando la escena. Así, que con estos elementos se puede crear una historia, y cada niño podrá tener la propia y cada día podría ser distinta por el significado que le dé a cada elemento.

AMDI nos convocó a realizar esta labor como parte del voluntariado, un trabajo sin remuneración pero con participación e intervención social en base a los preceptos en que se basa la asociación, en este caso, LATA Pantitlán está en una zona de foco rojo y atiende a población vulnerable, nuestro público objetivo fueron los niños. Decidí participar porque por un lado me pareció un reto diferente, es la ilustración más grande que he hecho; por otro lado, hace años que colaboro en la labor de fomentar la lectura en niños de diferentes maneras. La experiencia fue muy grata, siete días consecutivos de trabajo al lado de mis compañeros de AMDI, conocí y aprendí mucho de cada uno de ellos.”

 Liz Sánchez.

A continuación la lista de Ilustradores Profesionales que realizaron los murales en la planta alta del Laboratorio de Arte y Trabajo Alternativo Pantitlán. (Calle 1 esquina Av. Guadalupe. Delegación Iztacalco Colonia Agrícola Pantitlán, Ciudad de México)

Silvia García Ilustradora
http://chivarraikuss.tumblr.com/

Einar Salcedo
http://www.facebook.com/einaroux

Aldo Guzmán
https://www.behance.net/aldovansstein

Josué Sánchez
http://josueilustrando.blogspot.mx/

Lizbeth Sa
https://www.behance.net/lunaliz6125

Matz Estrada
https://www.facebook.com/matzestrada

Víctor Hugo Rojas
http://www.facebook.com/Viktor.Hugo.Rojas

28 años ilustrando profesionalmente

Texto escrito por nuestro asociado David Chávez y publicado en su blog  El confabulario ilustrado

Ahora entiendo estas ojeras, son producto de tantos desvelos diseñando e ilustrando (buen pretexto para evadir mi edad).

Soy ilustrador editorial. Comencé en este negocio a mis 22 años de edad gracias a mi maestro en la Escuela Nacional de Artes Plásticas y quien, en aquel entonces, creyó en mi habilidad y creatividad y me involucró en enormes proyectos de ilustración científica para libros de biología de educación media y profesional para McGraw-Hill —desde ese momento comencé a aprender todo lo relacionado con los procesos editoriales, de la creación de mi primer despacho empleando a mis compañeros de universidad y foguearme como ilustrador.

Las cosas han cambiado de aquellos años para acá. Ahora la mayoría de las editoriales, grandes o pequeñas, pagan mal —con base en sus propios tabuladores, mismos que nos dejan poco margen de negociación—. De hecho, cuando un proyecto inicia, se acercan a ti y te piden una cotización —aún cuando saben cuánto pueden ofrecerte como tope—, tras lo cual ocurre una de las dos siguientes cosas:

Si lo que cobras por tu trabajo excede lo que pueden ofrecer, entonces buscan a gente nueva que no tiene la misma experiencia que tú y le dan el trabajo pagándole montos risorios. Si, por el contrario, obtienes el proyecto, recibes el pago por él hasta la entrega final —eso en el mejor de los casos— o meses después de ella.

Hablo con conocimiento de causa. Tan sólo en los últimos proyectos he tenido que esperar mi pago durante más de cuatro meses después de haber terminado. Peor aún, el año pasado el responsable de pagos de una editorial me dijo que no habían vendido lo suficiente en la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ), y para pagarme tendrían que esperar a recuperarse en la FIL de Guadalajara.

Lo anterior me hace pensar que nosotros, los ilustradores o diseñadores freelance, de una u otra forma, financiamos a estas empresas.

Por otra parte, muchas editoriales y editores son desorganizados, no saben planear y para el término de sus proyectos consideran que nosotros no tenemos vida, cuentan con que trabajemos sábados y domingos —como si por ser freelance para nosotros no hubiera descanso, pues somos el cuello de botella de los procesos. Además que piensan que ilustrar una escena, o diseñar personajes es facilísimo.

Las editoriales también son ingratas cuando en nuestros contratos no incluyen beneficios derivados de nuestra autoría intelectual o, por lo menos, la mención —crédito en la página legal— de nuestro trabajo. Y ni qué decir de los ejemplares de cortesía que nos permitan incrementar el acervo de nuestro propio esfuerzo porque las más de las veces no los hay.

Quizá lo anterior se deba a que las actividades relacionadas con las artes gráficas, como la ilustración, están catalogadas como oficios que no requieren propiamente de estudios y están catalogadas como negocios tradicionales —esto lo aprendí durante los cursos a los que asistí en el Instituto Nacional del Emprendedor (INADEM) y la incubadora de negocios de la UNAM (INNOVA).

Así es esto —por lo menos en mi caso, aunque no dudo que haya alguien que trabaje en mejores condiciones— y justo en esto suelen basarse mis quejas recurrentes sobre la industria editorial.

¿Y por qué pese a estas inconformidades sigo ilustrando libros y publicaciones? Hay quien dice que por necedad, y es cierto —bueno, quizá no, quizá sea algo más profundo.

Aunque mi objetivo en la vida hoy en día es ganar más que el viene-viene o, por lo menos, lo mínimo necesario para vivir, yo no ilustro por dinero —ya he dejado claro que no es un trabajo bien pagado y tan no lo es que debo complementar mis ingresos con actividades como la diagramación y el diseño de libros, porque, por supuesto que hago más que ilustrar.

Yo ilustro por lo que implica esta actividad (para la que, por supuesto, los genes de mis padres han contribuido): leer un original, interpretar lo que quiso decir el autor, investigar tanto cuáles son las tendencias en técnicas a nivel nacional e internacional, así como la investigación científica para precisión de las imágenes, bocetar con base en ello, elegir la técnica precisa para esa historia y el público a quien será dirigido, aplicar el color y ver el resultado.

Aunque lo que menciono es poco comparado con todo aquello en lo que antes el ilustrador tenía participación como conocer al autor, estar en reuniones con los gerentes de varias áreas como ventas, finanzas y mercadotecnia, y hasta en la prueba de roll en la imprenta, ésta es una actividad satisfactoria para mí. Diario hago cosas diferentes que me hacen sentirme vivo.

Lo que no es satisfactorio es tener que adivinar lo que quiere el jefe editorial, el gerente de ventas o la nana del hijo del dueño —aunque no lo crean me ha pasado—; hacer cambios mínimos e irrelevantes a última hora que en nada contribuyen a las historias, pero que deben hacerse porque así ha sido requerido por quien manda —y que no necesariamente sabe de lo que habla—; o el trato impersonal con los editores, y que al final, algunas ilustraciones no se apeguen a lo que yo percibí desde su escencia, desde una autoría intelectual creativa de un trabajo de arte.

Sobre este último punto no está de más decir que el internet ha contribuido a que sea cada vez más común. ¿Por qué? Porque las empresas ahora te contactan casi exclusivamente por email. Ya casi no hay llamadas que den pie a la retroalimentación mediante la que es posible que el editor y el ilustrador se involucren hasta la médula con los contenidos y confíen el uno en el otro —porque al final son un equipo. Pero que cada uno de ese equipo percibe las cosas de muy diferente manera e influenciados por gustos personales, más no por lo que requiere el cliente final.

Esta parte en especial se la dedico a aquella editora y ahora gran amiga —sí, hablo de ti que amas los mangos. ¡Estoy seguro de que vas a leer esto!—, que trabajamos hasta el extremo a finales del 2016 con la ilustración de un libro infantil en el que nos fusionamos de tal forma que el resultado, pese a ciertos comentarios como “no mames, ¿es en serio este cambio que me pides?”, fue un libro en el que las ilustraciones están llenas de pasión, devoción, entrega y una simbiosis muy valiosa en la construcción de una nueva relación de confianza y amistad mutua.

El contacto que nos permitió involucrarnos con el contenido fue para mí una recompensa. Y otra más llegó cuando vi el libro impreso, porque compensó toda corrección hecha sobre la marcha de la creación de las más de 50 ilustraciones que incluye el libro del que hablo —y por las que dejé de gozar de mis fines de semana y dormí de tres a cinco horas diarias durante un par de meses.

Aquella aventura se cerró con la presentación del libro en la FILIJ, en donde firmé ejemplares en compañía del autor, y mientras ella hacía la presentación del libro ante el público, pensaba: “Te odio, pero te amo, querida editora, ahí está nuestro librhijo —como solíamos decirle—.

Al final, y lo digo de verdad, el pago varios meses después no tenía tanta importancia. Lo valioso de todo fue el trayecto que incluyó el contacto humano que da como resultado un producto satisfactorio para ambas partes —el que no existe con otros clientes y que son totalmente impersonales— y que me recordó que en efecto, yo no ilustro ni por dinero ni por necedad; se trata de algo más profundo, es pasión, la que dejo en cada uno de los trazos, la que invierto cuando busco nuevos efectos que logren el resultado que el cliente busca, la que me desborda cuando la entrega final se aproxima, la que siento cuando pienso “Maldito librhijo. En mí te quedas y contigo me voy”.

Los textos de opinión que en este blog se encuentran no representan necesariamente la opinión de la AMDI y de todos sus asociados. Creemos en la diversidad de opiniones y en la necesidad de espacios de expresión 

La creativad como herramienta para derribar muros

De todos es conocido que el 2017 es un año de retos y cambios inesperados, un año para aplicar la inteligencia creativa como herramienta de resistencia ante un mundo que se niega a aceptar lo diferente, el miedo a ver y reconocer que el mundo es un mosaico de colores, que aunque no nos gusten los morados y los rojos nos parezcan exagerando y escandalosos, o que los amarillos sean tan chillantes o que para nuestra sorpresa los negros y blancos combinan perfectamente.

¡Celebremos la diferencia, no hay nada más hermoso que la armonía de la mezcla!

Ilustración de Ixchel Estrada